martes, 8 de marzo de 2011

Untitled 8.

Al llegar de clase, y al abrir la puerta de casa, he escuchado salir de algún sitio una música lenta, de voz extraña, e inglesa. Sonaba triste y apagada. No sabría muy bien decir que era, pero me sonaba de algo. He empezado a andar por el pasillo, cargada de la mochila y del portátil. Pasé de lejos la cocina, pues pensé que quien quiera que fuese no estaría ahí, la gente que se encontraba en casa no podía ser tan nostálgica como para acabar en la cocina, y sin luz. Llegando al final de la primera parte del pasillo y al girar la esquina, escuché que la música venía del primer cuarto. Así que volví atrás.
Al abrir la puerta, me encontré tirada de mala manera una maleta llena de ropa -se ve que continuaba sin deshacerla desde el domingo que había llegado-, un pantalón negro y un par de calcetines por el suelo, una cama algo desordenada. Jo, que mala pinta tenia todo. Seguí mirando, y allí estaba ella, sentada junto al escritorio, escribiendo, echándose las manos a la cabeza, y parando de vez en cuando para mirar a un punto fijamente. Había comprado Donetes blancos, pero ya los había acabado. Tenía un pañuelo para sonarse los mocos, pero aun no lo había utilizado -creo que pensaba en utilizarlo de un momento a otro-, una bombilla fundida desde hace un par de semanas, unas tijeras, y una entrada para un Festival de Circo. 
Algo con lo que me encontré nada más abrir la puerta fue una especie de nota gigante pegada en la pared escrita con un fluorescente de color naranja, en la cual se recordaba una fecha, muy cercana, y una tarta con dos patos dibujados -debía ser algo importante para ella acordarse de esa fecha-. No se había dado cuenta de que había abierto, tenía la música demasiado alta como para escucharme, así que decidí marcharme.
Creo que ya se que escuchaba, Paréntesis de Sigur Ros.