jueves, 30 de junio de 2011

Sin olor.



Es increíble cómo podemos llegar a torturarnos a nosotros mismos. Se supone que hoy debía ser una de esas tardes de estudio intensivo, pero mi falsa creencia de llevar bien preparado el examen de mañana, ha hecho que pueda encontrar un rato para descansar. Hasta las 16:15, ni un minuto más- me decía. Así que a las 16:15 ha sonado el despertador, yo no había puesto el despertador, pero me desperté, además en una habitación que no era la mía, no sabía dónde estaba, solo sé que me sentía acompañada por una de mis más fieles amigas, que raramente había conseguido este año fuera de casa, y también una sensación de sentirme como alguna vez ya me había sentido fuera de casa.
Abrí la puerta de la habitación, e inmediatamente sabía dónde me encontraba, ahora sabía dónde me había sentido así. Decidí ir a una de las habitaciones que se encontraban enfrente de la mía. A la vez de abrir la puerta, y saber donde estaba, mi amiga decía “¿Irina dónde vas?, no lo busques”. Hacía como que no la escuchaba, quería convencerme a mi misma que si me encontraba allí sería por algo, no iba a aparecer en un sitio así como así. Así que, allá que fui, di un paso, di otro, y otro y allí estaba, delante  de su puerta, sin abrir, cerrada, como siempre había estado. Conté una, dos y tres, y abrí la puerta. Pensé que dormía  o que estaría en el aseo… así que di un paso, otro paso, otro y otro, exactamente cuatro pasos, ni uno más, miré a la derecha y la cama estaba vacía, se notaba que había llegado el final de las clases. Dejé la mochila y salí de la habitación. Di otro paso, y otro, hasta llegar a seis, llegué al comedor, allí se encontraban un chico, que por sus aires de estar en casa debía ser su compañero de piso, y mi amiga. Hablaban pero no les prestaba la atención, estaba demasiado derrumbada al ver que había acabado allí así como así, sin ningún sentido. Intenté salir al balcón, pero había unas grandes rejas grises que no dejaban sacar los brazos y poder chillar, no dejaban mirar a ningún lado de la calle, así que volví a entrar más frustrada. Y me dijo el chico “No puedes echarle tanto de menos, además has conocido gente nueva”, como respuesta a eso una mirada penetrante que ordenaba silencio.
Decidí ir a la habitación donde había despertado, y nada más llegar, mi amiga me daba un abrazo de esos que se suelen dar cuando ves que la gente se rompe. Salí llorando de la habitación, di tres pasos, entraba a su habitación, e intentando encontrar algo suyo que guardar, la habitación estaba vacía, busqué su olor, fui a su cama pero no había sabanas ni edredón. Salí de ahí, y volví a la habitación.  Pasado un tiempo decidí volver, y como ya me esperaba que estará vacía, pensé en hacer unas fotos para que cuando las mirara me recordaran al día que había despertado ahí. No lo conseguí, parecía que todo se había compinchado para que no pudiese guardar ni un solo recuerdo.Así que me volví a ir de allí. Era automático. Una vez más, abrí la puerta de la habitación, di tres pasos, y abrí la suya, seguía estando vacía pero no sé en qué momento se empezó a llenar de todas sus cosas, la habitación era un caos como lo había sido la vez que fui. Intentaba no mover nada que estuviese en el suelo para que no se diera cuenta de que (aún sigo recordando su dequeísmo) alguien había estado allí. Por fin lo había logrado. Fui a oler su ropa quitándome todas la lágrimas que habían salido por cada vez que había ido y salido de su habitación sin encontrar nada, estaba delante de ella, por fin, otra vez. No tenía olor. Pero no me daba por vencida, la apretaba más y más para ver si lo lograba, pero…absolutamente nada tenía olor. Creo que había olvidado su olor de colonia, su olor en general.
Pensé que lo mismo llegaría pasado unos días, por eso sus cosas habían aparecido así como así, asique pensé en mandarle un mensaje Estoy en casa, pero tus cosas no tienen olor, me faltas”. Así lo mismo venía antes de tiempo…
Justo en ese momento ha sonado el teléfono, he corrido a por él con la mano en la cabeza, preguntándome por qué. El teléfono había dejado de sonar y me había levantado para nada… seguidamente los ojos se me llenan de lágrimas, y huelo su gorro, esta vez con olor.

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